Todo se remonta a cuando tenía 15
años, recuerdo el día que llegué a casa después de las clases en el Instituto y
le dije a mi madre: “Mamá, la profe dice
que este año se hará un intercambio entre niños polacos y españoles”.
Después de un montón de dudas: ¿Dónde está Polonia? ¿Qué se habla en Polonia?
¿Qué se come en Polonia? me decidí, aunque como siempre llena de miedos e
indecisa, a realizar un intercambio con una chica polaca.
La profesora un día en clase nos
dijo que escribiéramos una carta en español contando cómo éramos, nuestros
gustos, nuestras aficiones y que describiéramos la vida en España, luego se
enviarían a un colegio en una ciudad de Polonia llamada Poznan. Una vez allí se
repartirían entre los alumnos que quisieran hacer el intercambio y que así se
me asignaría una persona.
Al cabo de un tiempo la profesora
llegó a clases con un montón de cartas recibidas de Polonia y comenzó a
repartirlas entre los alumnos. Recuerdo cuando vi el sobre, me quedé fijamente
mirando su letra, allí había muchas letras con rabitos y con puntitos, incluso
demasiadas “k”. Así es como comenzó mi
relación con Aleksandra, aunque en realidad le gustaba que le llamáramos Ola.
Y
vosotros me preguntaréis ¿y esto que tiene que ver con poner pies en polvorosa?
Continúo
mi historia…
Su carta estaba escrita en un
perfecto español, me contaba cosas de su vida, su familia, tenía un perro y dos
gatos, incluso me mandaba una foto de ella en su casa en un lago rodeado de
preciosas montañas. Al final de la carta explicaba que era su tercer año
estudiando español, que le encantaba la música española pero que aun le faltaba
mucho por aprender como por ejemplo el significado de poner pies en polvorosa.
Es más, ella me pidió que cuando nos viéramos una de las cosas que debería
hacer era explicarle qué significaba esa extraña expresión.

Hola María, me parece buenísimo el nombre de tu blog y sobre todo la historia de por qué se llama así ¡Es genial!
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